«El sonido de los árboles»: Robert Frost; poema y análisis


«El sonido de los árboles»: Robert Frost; poema y análisis.




El sonido de los árboles (The Sound of Trees) es un poema metafísico del escritor norteamericano Robert Frost (1874-1963), publicado en la antología de 1916: Intervalo en la montaña (Mountain Interval).

El sonido de los árboles, uno de los más destacados poemas de Robert Frost, presenta una mirada distinta acerca de los árboles, y más precisamente del ruido que sus ramas y hojas emiten al balancearse con el viento.

Podemos pensar los árboles de Robert Frost no solo poseen una personalidad propia, una cierta individualidad que los distingue entre sí, sino que a menudo pueden comunicarse con nosotros, de forma sumamente inquietante, acaso para revelar un secreto ancestral, que solo los que conocen el idioma perdido de las hojas son capaces de interpretar.




El sonido de los árboles.
The Sound of Trees, Robert Frost (1874-1963)

Los árboles me asombran.
¿Por qué deseamos escuchar
eternamente su ruido,
más que cualquier otro sonido,
tan cerca del hogar?
Los padecemos durante el día
hasta que perdemos la medida de los pasos,
la persistencia en nuestra dicha,
y adquirimos el aire del que escucha.
Son los árboles eso que habla de partir
pero que nunca se va;
eso que no dice, aunque sepa,
mientras se vuelve más sabio y más viejo,
que hoy hay que quedarse.
Mis pies se estiran en el suelo
e inclino la cabeza sobre el hombro
cuando los veo, a veces, balanceándose,
desde la puerta o una ventana.
Voy a partir hacia algún lugar,
voy a tomar esa audaz decisión,
el día en que los árboles se manifiesten
y sus voces asusten
a las blancas nubes que sobre ellos pasan.
Tendré, entonces, menos qué decir,
pero ese día habré partido.


I wonder about the trees.
Why do we wish to bear
Forever the noise of these
More than another noise
So close to our dwelling place?
We suffer them by the day
Till we lose all measure of pace,
And fixity in our joys,
And acquire a listening air.
They are that that talks of going
But never gets away;
And that talks no less for knowing,
As it grows wiser and older,
That now it means to stay.
My feet tug at the floor
And my head sways to my shoulder
Sometimes when I watch trees sway,
From the window or the door.
I shall set forth for somewhere,
I shall make the reckless choice
Some day when they are in voice
And tossing so as to scare
The white clouds over them on.
I shall have less to say,
But I shall be gone.


Robert Frost
(1874-1963)




Poemas góticos. I Poemas de Robert Frost.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert Frost: El sonido de los árboles (The Sound of Trees), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

O. Henry: cuentos destacados


O. Henry: cuentos destacados.




O. Henry —seudónimo de William Sydney Porter (1862-1910)— fue un interesante escritor norteamericano, cuya mayor virtud consistía en generar desenlaces realmente inesperados. De hecho, los cuentos de O. Henry, independientemente de su género, ya que incursionó en varios simultáneamente, se caracterizan por sorprender al lector en los últimos párrafos, cuestión que lo llevó a ser considerado, acaso exageradamente, el Guy de Maupassant de Norteamérica.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos repasando algunos de los más destacados cuentos de O. Henry.




Cuentos de O. Henry:




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«Cuentos de un bebedor de éter»: Jean Lorrain; libro y análisis


«Cuentos de un bebedor de éter»: Jean Lorrain; libro y análisis.





Cuentos de un bebedor de éter (Contes d'un buveur d'éther) es una colección de relatos de terror del escritor francés Jean Lorrain (1855-1906), publicada en 1895.

Se trata, en esencia, de una antología que reune algunos de los más grotescos relatos del decadentismo francés y de la mano de un autor tan extraño como talentoso.

Jean Lorrain fue, entre otras cosas, un cuentista formidable y un hombre que vivía libre de prejuicios, a tal punto que utilizaba maquillaje y ostentosas joyas en público. Su mayor debilidad era la adicción al éter, así también como a la morfina, el opio, y otras sustancias perniciosas bastante habituales en los círculos decadentistas del fin de siècle.

Podemos pensar que esa adicción consiguió dos cosas: una úlcera en el estómago que lo llevaría prematuramente a la tumba, y Cuentos de un bebedor de éter, donde cada relato refleja las macabras alucinaciones producidas por esa sustancia.

La paranoia, la perversidad, la confusión, y un amplio repertorio de fantasías mórbidas, conforman el núcleo de esas historias, que de algún modo nos recuerdan a las Confesiones de un comedor de opio inglés (Confessions of an English Opium-Eater), de Thomas de Quincey, pero de un modo aún más exacerbado y lúgubre, como si los sentidos, lejos de expandirse hacia afuera, hacia las impredecibles maravillas del universo, se contrajeran súbitamente hacia los abismos más insondables del ser.

Antes de pasar al libro propiamente dicho, repasemos algunas curiosidades de los cuentos que conforman Relatos de un bebedor de éter.

Es importante mencionar que cada relato, o mejor dicho, cada protagonista, narra una historia espeluznante como consecuencia del consumo de éter, casi siempre a partir de un suceso sin mayor importancia, pero que poco a poco se va tornando siniestro.

Otro rasgo en común que comparten las historias de Cuentos de un bebedor de éter tiene que ver con la soledad y el aislamiento. La acción casi siempre transcurre en la atmósfera asfixiante de un cuarto cerrado, sumido en la oscuridad, cuestiones bastante lógicas si consideramos que los narradores de esas historias son adictos que viven, o sobreviven, en un estado de perpetua reclusión social.

Pero lo cierto es que los personajes de Jean Lorrain no están exactamente solos, sino que la soledad que los rodea, exaltada por las fantasías del éter, les permite encontrarse con sus propios miedos y alucinaciones. Este procedimiento se repite en todos los cuentos.

En Reclamación póstuma (Réclamation posthume), por ejemplo, un simple pie que se asoma por debajo de una cortina, en un cuarto aparentemente vacío, es suficiente para producir una escena escalofriante. En La casa siniestra (Le mauvais gîte), a su vez, son los ruidos nocturnos que se oyen detrás de las ventanas los que disparan el espanto del protagonista. En Los agujeros de la máscara (Les trous du masque) la realidad se fragmenta durante una noche de carnaval, haciendo imposible distinguir lo real de lo ilusorio. En La habitación cerrada (La chambre close), una voz en las sombras se transforma en un elemento extremadamente perturbador. Solo El poseído (Le possédé), quizá, presenta un entorno más amplio, en este caso a través de los pensamientos de un sujeto paranoico que percibe una oscura distorsión en la realidad, donde las personas lentamente van adquiriendo rasgos animales.

El resto de los cuentos que integran la antología son: Un crimen desconocido (Un crime inconnu), La mano enguantada (La main gantée), El sapo (Le crapaud), Una noche turbulenta (Une nuit trouble), El visionario (Le visionnaire), El doble (Le double), Noche de Vísperas (Nuit de veille), Ofelio (Ophélius), Dolmancé (Dolmancé), Una noche estaba nevando (Un soir qu'il neigeait), La mano de sombras (La main d'ombre), Uno de ellos (L'un d'eux), Chez Guilloury (Chez Guilloury), La cabina (Le fiacre), Una carta (Un lettre), Una cuenta (Un acompte), y Noche de enero (Nuit de janvier).

La naturaleza demencial de los protagonistas de Cuentos de un bebedor de éter nos permite ingresar de lleno en esa atmósfera aterradora, precisamente porque nunca sabemos si lo que está ocurriendo es real o producto de sus alicinaciones. Jean Lorrain no hace mucho para esclarecer esos interrogantes, y el efecto que consigue a través de esa elección es estremecedor.

Cuentos de un bebedor de éter produce el miedo más profundo de todos: el temor de que todo lo que nos rodea acaso sea irreal, que el afuera, en definitiva, sea apenas una cáscara vacía, una máscara que nos distrae de los oscuros abismos de nuestra propia alma.




Cuentos de un bebedor de éter.
Contes d'un buveur d'éther, Jean Lorrain (1855-1906)

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Relatos góticos. I Relatos de Jean Lorrain.


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El análisis y resumen del libro de Jean Lorrain: Cuentos de un bebedor de éter (Contes d'un buveur d'éther), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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